My Kalu Yala Experience

¿Qué significa salir de tu zona de confort? ¿Usar unos zapatos que jamás hubieses pensado usar? ¿Salir a tomarte unos tragos a un bar que no conocías solo/sola? ¿Probar un color de labial que es totalmente el opuesto a tu persona?

Estoy seguro que hay muchísimas maneras de arriesgarte, la mía sucedió este fin de semana y fue lo mejor que me ha pasado recientemente.

What does it mean to challenge your comfort zone? Wearing that pair of shoes you’re skeptical about wearing? Going out with someone who’s the total opposite of you? Or trying a new lipstick shade?

There are so many ways to challenge yourself, mine happened this weekend and it has been the best thing ever.

Kalu Yala, en caso de que no sepas, es la primera comunidad auto-sostenible de todo el mundo. Esta localizada en la frontera entre Panamá y Darién, a más o menos una hora y media montaña adentro (en caso de que vayas caminando). Es una villa que ha sido diseñada desde el primer momento, interconectada para que la vida se desarrolle orgánicamente y valga la redundancia, al ritmo de la Madre Tierra.

En junio del 2010 la historia de Kalu Yala comienza con tan solo diez habitantes/estudiantes – hoy en día viven 120 personas en la comunidad. En estos siete años ha servido como un catalizador para minimizar las importaciones y maximizar exportaciones a la vez que ha funcionado como una incubadora para emprendedores que buscan desarrollar ideas de negocios que en un futuro cambien el panorama mundial.

Uno de los puntos más importantes de Kalu Yala es la convivencia entre humanos. Entre las reglas de la comunidad están: siempre hacer contacto visual y siempre actuar en equipo.

De mi experiencia pude concluir que esto no es un movimiento, no es un proyecto. Kalu Yala es un estilo de vida.

Kalu Yala, in case you don’t know, is the first auto-sustainable for-profit community in the entire world. Located between the Panama-Darien border, an hour and a half or so up the mountains. It’s a community that’s been designed to be whole from the time the first house was built, interconnected to make sustainable living possible and free to develop organically over time.

On June 2010 Kalu Yala’s story wrote its first chapter with only ten students – nowadays there are 120. In these seven years it’s served as a catalyst to minimize imports and maximize exports. It’s also worked as an incubator for entrepreneurs to develop world changing business ideas.

One of the things that most attracted me was human relationships between everyone, whether staff or students. This community’s goal is to raise a model of society where humans take care of each other with compassion as well as of Earth. Two of their rules are: always make eye contact and always be a team player.

Kalu Yala is not a created movement. It is a place where everything and everyone can come together. It is not a project. It’s a way of life.

It is a place where everything and everyone can come together. It is not a project. It’s a way of life.