Barbara Cartier's Rolling Stones

todas las fotos por  Ricardo López S.  

todas las fotos por Ricardo López S. 

Las obras en la exhibición Mineralia tienen un carácter pétreo y evocan distintas formas de labrado de piedra. Sin embargo, la artista Barbara Cartier no trabaja directamente con rocas, sino que se vale de otros materiales como madera, cerámica, fibra de vidrio, pintura automotriz y esmalte para recrear formas, texturas y tonalidades minerales, en manifestaciones tanto coloridas y resplandecientes como monocromáticas y texturizadas.

Cartier se educó como pintora en Argentina, donde su trayectoria artística comenzó con pinturas grandes sobre lienzo, primero figurativas y luego más abstractas. Pero llegó un momento en que ya no lograba trabajar con el plano bidimensional. “Tuve una crisis con la pintura”, dice. Sintió un deseo urgente de conquistar el espacio tridimensional y abandonó el plano a favor de la escultura. Desde un principio, el proceso físico de crear las obras —tanto en pintura como en escultura— ha sido importante para Cartier, quien también estudió danza a la par de artes plásticas. Siempre ha trabajado a tal escala que su creación artística requiere del uso del cuerpo entero y de cierta destreza. Mineralia se trata de obras que nacen de gestos corporales y maximalistas. 

Las piezas en la muestra también presentan oposiciones: entre forma y peso, lo orgánico y lo inorgánico, entre el proceso y la apariencia. Las esculturas pequeñas nacieron de la idea de piedras de río, suavizadas y redondeadas por el constante fluir del agua y los golpes contra otras piedras, un proceso de esculpido natural. Sin embargo, a pesar de su origen conceptual y de la sensación de peso y densidad habitual de rocas grandes, las obras son sorprendentemente ligeras gracias a sus materiales sintéticos. La combinación de su masa sorprendente con la superficie más lisa y resplandeciente que cualquier roca cataliza el proceso de la transformación de una idea a un objeto. La presentación de ciertas obras, como las figuras ovoides montadas contra la pared y los relieves monocromáticos de apariencia pétrea de Geoficciones, desafían las reglas de medios artísticos definidos, sugiriendo que una escultura puede pertenecer en la pared y que la obra de arte puede ser un objeto híbrido.

 

La exhibición 'Mineralia' estará abierta al público hasta el 3 de octubre en la galería Mateo Sariel. 

 

Debido a sus materiales industriales y superficies lustrosas, el trabajo de Cartier hace referencia alas obras de una generación de artistas californianos de la época de la posguerra. Los artistas John McCracken, Craig Kauffman, Robert Irwin y Larry Bell, entre otros, se identifican hoy en día como parte del movimiento “Light and Space” (Luz y Espacio) y por su estética del llamado “finish fetish” (fetiche del acabado), término creado por el crítico de arte John Coplans. Empleando materiales de grado industrial que reciénse estaban empezando a desarrollar —como plásticos y resinas artificiales— crearon esculturas que encarnaban en sus acabados brillantes las sensaciones del espacio abierto y del mar de California. El resplandor de estas superficies también recordaba al brillo de los automóviles nuevos y a los exteriores lisos de las tablas de surf, elementos intrínsecos de la cultura de la costa pacífica, que además reflejaban cierto optimismo típico de esa época. No está de más preguntarse qué aspectos de esa cultura se ven reflejados hoy en día en Panamá, un país que comparte la proximidad al mar, donde desde hace ya varias décadas la economía ha experimentado un crecimiento favorable y donde los automóviles (y los tranques) son una parte inevitable de la vida diaria.

De estos artistas, las piezas de Cartier guardan relación en particular con la obra de CraigKauffman, cuyas esculturas combinaban elementos de geometría con curvas sensuales y colores luminosos, creando formas orgánicas, atractivas e incluso sensuales. Este aspecto también se reconoce en las obras de Cartier, cuyas esculturas tienen formas y texturas sumamente sensuales, con superficies inmaculadas que dan ganas de tocar. Esa sensación táctil se acrecienta con las esculturas que se salen del patrón ovoide y que en su tallado muestran evidencia de la mano del artista. Sin abandonar los acabados lustrosos, estas obras se aventuran hacia formas inusuales que sorprenden, desconciertan e inyectan una dosis de humor a la muestra: ¿se trata acaso de una gigantesca pepa de marañón morada , tallada en fibra de vidrio y recostada como una luna menguante? ¿O será que sugiere la forma de un banano, en referencia a la flora tropical de Panamá, donde la artista ha estado viviendo desde 2013? En el juego entre lo concreto y lo abstracto, una definición precisa de las piezas queda suspendida. Y aquí es donde nos deja la artista, con obras de gran atractivo sensual e interpretación abierta.

manifiesto escrito por Paula Kupfer